Filosofía y bachillerato PDF Imprimir Correo electrónico

¿Pasó usted por la preparatoria, la vocacional o el bachillerato? En el transcurso de ese nivel educativo, denominado genéricamente "educación media superior" (EMS), se dio para la mayoría de nosotros el primer contacto con la filosofía. Para muchos, la experiencia no fue satisfactoria. Ese contacto se dio, para usar las metdavid calderon, áforas viales, en la amplia gama que va desde el alcance -defensazo, raspón y pérdida de tiempo, pero no mucho que lamentar- hasta el arrollamiento con pérdida total.

¿A qué me refiero? A que la lógica se redujo a resolver silogismos aburridísimos; la ética a confusos y desestructurados diálogos sobre dilemas morales -o sobre los oscuros motivos de protagonistas de películas-, y la estética a un recuento de las ideas de pensadores fallecidos. La principal pregunta que desató en mis compañeros la mayoría de las sesiones fue: "¿Y a mí qué?", a veces dando paso a: "¿Y esto cuándo se acaba?". Recuerdo con escalofrío el grito del profesor: "¡Cállate, imbécil! ¿Qué no ves que estoy hablando de la dignidad de la persona?".

 

El convencimiento de que aquello era inútil, en el más profundo sentido de la palabra, no se disipó con el tiempo, al menos para la mayoría de mis contemporáneos. No sólo no lo apreciaron, ya como adultos, como algo que sumó a sus capacidades y sentido de vida; les produjo un desapego a todo lo que se presentara como "filosófico".

Hoy no visitan la parte de la librería con el rótulo correspondiente, no releyeron espontáneamente a Aristóteles o a Rousseau, o a Kierkegaard, y mucho menos les atrae participar en un congreso o visitar un blog de filósofos que se presenten como tales. Su mejor oportunidad de revisitar algún autor o tema de la abandonada provincia filosófica se da cuando lo saca a cuento algún libro de superación personal o de estrategia financiera.

 

Este recuento de daños viene a colación por el reciente debate en torno a las materias de filosofía en el bachillerato. La SEP ha convocado a un proceso de reforma de este nivel educativo, con un buen nivel de consenso entre las distintas autoridades que ofrecen este ciclo formativo. Su diseño ha seguido un trayecto mucho más consistente y sólido, comparado con que lo que ocurrió con la secundaria en el sexenio pasado y con la primaria en el actual; de hecho, se hizo muy bien. Y mejor se hizo cuando se tocó a rebato las campanas para indicar que las humanidades, y en concreto la filosofía, habían desaparecido en el nuevo diseño.

 

El Observatorio Filosófico de México desplegó un apasionado y convincente trabajo para cuestionar a la SEP al respecto, a partir de un desplegado publicado el 30 de marzo. Siguió un intercambio intenso, en el que el subsecretario de EMS reaccionó con velocidad y tino. El primer cierre de capítulo se dio cuando, en acuerdo con el propio Székely, Raymundo Morado expuso a los secretarios de Educación del país las demandas del Observatorio Filosófico y propuso un mecanismo de interlocución para poner en contacto a la comunidad filosófica y las autoridades educativas. En resumen, se corrigió la "invisibilidad" y se alcanzó una primera plataforma en la que todos ganan, sentando un precedente de construcción ampliada de la política educativa.

 

Morado pone el dedo en la llaga cuando expresa que: a) es fácil caer en la trampa de lo "transversal" y dejar a todos -a nadie- la responsabilidad de desarrollar ciertas capacidades; b) es un gran error enviar a un profesor a conducir las asignaturas filosóficas cuando su preparación profesional está muy lejana a lo necesario. Discrepo, sin embargo, de su afirmación de que "...una verdadera educación filosófica sólo se puede obtener a través de verdaderas asignaturas filosóficas... con título, temas, contenidos y metodologías estrictamente filosóficos".

 

Ya en el siglo XVIII, el agudo Kant exigía que la filosofía "saliera de la escuela", que se convirtiera en ilustración, en Denkungsart, en el modo común de pensar. No vamos a avanzar con una nueva escolástica que pretenda que los licenciados en filosofía están, sólo por el título, en mejores condiciones de propiciar el pensamiento crítico en los jóvenes de nuestro sistema educativo.

 

No son las asignaturas las que garantizan el éxito, sino la competencia filosófica y pedagógica de cada profesor. Ahora la comunidad filosófica contrae con todos nosotros un importante compromiso: que los egresados de filosofía no se reduzcan a balbuceantes nerds, bohemios impresionistas y obscuros discursantes, sino que se puedan plantar como auténticos educadores profesionales.

 

 

 

Comentarios (2)Add Comment
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Muy interesante
escrito por Marissa Vázquez , mayo 30, 2009


Hola me llamo Marissa, soy maestra de secundaría, imparto filosofía y me pareció muy interesante su artículo de hoy.
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La educación en bachillerato
escrito por Jaime Aguilar Ortiz, septiembre 20, 2009
Yo soy profesor de matemáticas a nivel posgrado. Me parece muy interesante lo que afirma sobre las materias de filosofía.

No por el hecho de que yo sea un matemático, soy el más indicado para dar clase de matemáticas en bachillerato. Uno de los problemas más graves de la educación a nivel bachillerato (no el más grave en mi opinión) es que los profesores por su formación profesional (ingenieros, contadores, químicos, administradores, filósofos, matemáticos, etc.) saben muy poco de teorías de la educación y cómo aplicarlas en forma adecuada. El mejor profesor de filosofía lejos está de ser posiblemente el mejor filósosfo. El mejor profesor de matemáticas seguramente está lejos de ser el matemático más famoso. En esta época para ser un excelente profesor de una asignatura obvio es que debe ser un experto en el tema, pero debe ser más experto en saber desarrollar el talento de la gente.

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David Calderón

David Calderón

Director General

Perfildavidcalderon
Asociado fundador y Director General de Mexicanos Primero, una iniciativa ciudadana de participación e incidencia social. Estudió Filosofía en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y Ciencias Sociales en Florencia y Jerusalén. Fue becario del Posgrado de Excelencia del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT), y recibió la medalla Alfonso Caso al Mérito Universitario. Ha sido académico en la Facultad de Medicina y en la de Filosofía y Letras de la UNAM, en la Universidad Iberoamericana, el Tecnológico de Monterrey, el Instituto Interamericano de Seguridad Social y la Universidad de Chicago. Fue Coordinador General de Humanidades y Director de la Facultad de Bioética de la Universidad Anáhuac. Formó parte de la Comisión Nacional de Bioética de la Secretaría de Salud y diseñó el programa de Transparencia y Rendición de Cuentas para la Procuraduría General de la República (PGR). Presidió el Diagnóstico de la Familia Mexicana, realizado por la UNAM, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) y el Desarrollo Integral de la Familia (DIF). Fue designado expositor por la Organización de los Estados Americanos (OEA) para las Conferencias Panamericanas del Niño. Es coautor de libros sobre ética aplicada, participación ciudadana y diseño de políticas públicas; el último, Contra la Pared, es un reporte independiente sobre el Estado de la Educación en México. Escribe colaboraciones en diversas revistas y en los diarios Reforma, de cuyos Consejos Editoriales forma parte, y El Financiero, donde mantiene una columna. Es consejero del Instituto de Evaluación Educativa de Nuevo León, integrante del Comité Técnico de la prueba de Evaluación Nacional del Logro Académico en Centros Escolares (ENLACE) y coordinador de la comisión de calidad en la docencia del Consejo Ciudadano Autónomo por la Educación.

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